Lo que debía ser una tarde de sol y descanso en la Costa Atlántica se transformó en una pesadilla el pasado lunes 12 de enero. Un fenómeno inusual, descrito por expertos como un “meteotsunami”, sorprendió a miles de turistas en Mar Chiquita, Santa Clara del Mar y Mar del Plata. Sin aviso previo, el mar se retiró para luego avanzar con una violencia inusitada, generando una ola gigante que arrastró sombrillas, pertenencias y personas, obligando a una evacuación total de los balnearios.
En medio de la desesperación, la fuerza del agua se cobró la vida de Yair Amir Manno Núñez, un joven de 29 años oriundo de Mar del Plata pero residente en Francia. Yair era un jinete de gran trayectoria internacional, ubicado en el puesto 11 del ranking mundial de la FEI en 2024. El deportista había regresado a la Argentina para compartir unos días con su novia francesa y sus amigos, pero el destino lo encontró en la playa en el momento exacto del impacto.
Testigos presenciales relataron a medios nacionales que la ola alcanzó los cinco metros de altura. Manno Núñez fue alcanzado por la corriente y, según confirmó el titular de Defensa Civil bonaerense, Fabián García, el golpe contra las rocas resultó fatal. A pesar de los esfuerzos de los guardavidas, quienes realizaron maniobras de reanimación cardiopulmonar de inmediato, no lograron salvar al joven.
El balance del fenómeno en este inicio de 2026 es preocupante: además del fallecimiento de Yair, se registraron 35 heridos con lesiones leves y un hombre debió ser internado tras sufrir un infarto por la situación de estrés vivida en la arena. Las autoridades mantuvieron la alerta en toda la zona costera durante horas para relevar el estado de los veraneantes.
Los especialistas analizan las causas de este “meteotsunami”, un evento provocado por cambios bruscos en la presión atmosférica que desplazan grandes masas de agua. Si bien existen registros de sucesos similares en años anteriores, los expertos remarcaron que nunca se habían dado con tanta magnitud durante el día y con las playas repletas de gente.
Mientras la comunidad hípica mundial lamenta la pérdida de uno de sus jinetes más prometedores, la familia de Yair recibe contención psicológica por parte de la provincia. La tragedia deja un vacío enorme en el deporte argentino y una advertencia sobre la imprevisibilidad de estos fenómenos extremos que, en pocos segundos, transformaron un día de fiesta en un duelo nacional.