“No es fácil sentarse acá y decir: yo fui la abusada por Javier Galán”. Con esa frase, Daniela Solohaga decidió hablar públicamente y sostener su denuncia contra el diputado Javier Galán.
Todo se tensó aún más cuando el propio legislador difundió en sus redes un video de la denunciante —con la imagen difuminada— acompañado de un mensaje sugestivo: “saquen sus propias conclusiones”. El mismo material ya había circulado previamente, pero sin ningún tipo de resguardo, en una publicación anónima.
La respuesta no tardó en llegar: lejos de callarse, la joven redobló la apuesta, mostró su rostro y ratificó cada uno de sus dichos en una entrevista televisiva.
En su relato, describe miedo constante, ataques de ansiedad y una sensación de total desprotección. Vive sola con su hijo y asegura que su vida cambió por completo desde que decidió denunciar.
También apuntó a posibles irregularidades: presiones laborales, exigencias económicas y un vínculo marcado por una fuerte desigualdad de poder.
Además, aseguró que tras hacer pública su situación, otras mujeres comenzaron a contactarla para contar experiencias similares.
Mientras el diputado insiste con una supuesta operación política en su contra, crecen los cuestionamientos por la exposición de la denunciante y la forma en que se manejó públicamente el caso.
La Justicia tendrá la última palabra. Pero hay algo que ya está pasando: cada vez más voces se animan a hablar.